Ni el enorme gasto publicitario con que procura presentar una realidad ficticia, ni el derroche en fuegos artificiales de una clase media acomodada en la ciudad capital, ni mucho menos el populista anuncio de un día feriado extra despejaron el ambiente desolador y frustrante vivido en el 2022, año que llegó a su final el pasado sábado.
Se despide el 2022, doce meses de vicisitudes locales, fruto de la improvisación de unas autoridades que engañaron al pueblo que le respaldó, comprando un llamado “cambio” que ha resultado un retroceso.
Los logros alcanzados en las gestiones del Partido de la Liberación Dominicana al frente del gobierno han desaparecido, llevando a la población a la angustia y el sufrimiento.
Si bien es cierta la existencia de un entorno internacional desfavorable por las secuelas de la pandemia de la Covid-19 y la conflagración armada en Ucrania, también lo es la insensibilidad e improvisación de los gobernantes actuales, interesados mayormente en los “me gusta” de las plataformas digitales que en atender los reclamos ciudadanos.
República Dominicana, como casi todos los países de la región y el mundo, ha sido impactada por el alto precio de los combustibles, los alimentos y la adopción de políticas monetarias restrictivas, sin que el Gobierno adoptara acciones compensatorias.
Preocupa a los dominicanos la expansión de un gasto improductivo en nóminas, en contraste con una reducida o casi nula inversión en capital y un exorbitante endeudamiento, pese a su papel de críticos impenitentes de los préstamos cuando los ahora gobernantes desempeñaban su rol de opositores.
El desequilibrio caracteriza el pregonado crecimiento económico con una actividad agropecuaria en el suelo, herida mortalmente por las importaciones, que han venido a favorecer a empresarios y allegados.
Una inflación galopante, mucho mayor en los precios de los alimentos y productos del hogar, medicinas, artículos ferreteros y de la construcción.
Un torpe e hipócrita manejo de las relaciones con el vecino Haití, una reducida calidad del empleo y precariedades en la educación, salud y depredación ambiental.
En fin, el 2022 ha sido un período de inestabilidad y precariedades para un pueblo digno de mejor suerte y de gobernantes sensibles y preparados para afrontar contrariedades.
Responde a una sana tradición en República Dominicana y gran parte del mundo festejar la fecha del nacimiento de Jesús, que aunque se ha dicho que no corresponde a diciembre, tiene tantos años de celebración en el último mes del año que se hace muy difícil concebir otra.
La tradición nos lleva a compartir en familia, estrechar vínculos y renovar votos a favor de la felicidad, el bienestar y la sana diversión para celebrar el acontecimiento que marcó el inicio de una nueva época.
En nuestro país, como sucede en otros territorios, se tienen formas particulares de celebración que incluyen festejos, ceremonias religiosas, sin que se queden la música y las expresiones gastronómicas.
La alegría tradicional de la fecha en este 2022 ha quedado en gran medida en penumbra por la incertidumbre y el desasosiego predominante en la ciudadanía.
Ese estado de tribulación, desdicha e infelicidad se origina en la tensión de salir a unas calles de tránsito caótico y el pánico por la ola delincuencial que estremece al país.
A ese estado de aprehensión, de temor colectivo, se ha agregado este año el alto nivel inflacionario que llevó a la familia a disminuir la cantidad y calidad de la cena de Nochebuena, celebración que niños y adultos anhelan desde inicio del año.
Previo al 24 de diciembre y el mismo día de Nochebuena las quejas de consumidores y comerciantes abundaron por los altos precios de las comidas y bebidas y por la reducida afluencia de compradores.
Siguiendo la pauta del marketing que caracteriza a la presente gestión de gobierno, una avalancha de noticias prefabricadas y saturación publicitaria ha pretendido cambiar la real situación de inconformidad, molestias y quejas de una ciudadanía a la que se le vendió un “cambio” que ha resultado un fiasco que lo ha trastornado todo.
Es un esquema que ahonda mucho más las inconformidades, pues se anuncia, se promete y no se cumple.
Cuánto se añoran las celebraciones en las gestiones de gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, con precios asequibles y facilidades para los que menos tienen; mientras tanto, paciencia y comedimiento es la recomendación oportuna para los días porvenir. En fin, no hay mal que dure cien años ni pueblo que lo resista. Y esta calamidad tiene fecha de caducidad: 16 de agosto de 2024.
Como ha sido la tradición desde aquel diciembre de 1973, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) celebró en grande su fecha aniversaria con actividades en todo el país y en las seccionales del exterior.
Nuevamente la creatividad predominó en la dirigencia de la principal institución política del país con la organización de veladas artísticas, conferencias, charlas, encuentros navideños y de reflexión sobre los aportes a la institucionalidad y a la democracia en República Dominicana, ofrendas florales y la presentación de documentales.
La pauta quedó fijada el pasado 15 de diciembre en la hora marcada por las leyes para el izamiento de la bandera nacional en las instituciones públicas del país, en la que tradicionalmente el PLD organiza la ceremonia del solemne inhestamiento de los lienzos morado y el tricolor, con lo que se recuerda de manera simbólica el objetivo principal del PLD: completar la obra del patricio Juan Pablo Duarte y demás Trinitarios.
Unas dos horas más tarde se desarrolló un hermoso acto con el que quedó demostrado que el PLD es un ente vivo, reorganizado y preparado para librar las batallas por venir en procura de reconquistar el favor popular, como ha venido aconteciendo.
Cuarenta y nueve son los años del Partido de la Liberación Dominicana, en la antesala de medio siglo aportando soluciones desde el gobierno y desde la práctica política para consolidar el sistema democrático y la institucionalidad, así como adoptando, cuando le ha correspondido gobernar, las justas decisiones en procura del bienestar y la tranquilidad del pueblo dominicano.
Tres momentos caracterizaron el solemne acto de celebración; un primer episodio de reconocimiento a 22 de sus militantes por su larga trayectoria, compromiso y lealtad hacia la organización política.
El segundo, la culminación formal del ejemplar proceso de la Consulta Ciudadana, que movilizó el 16 de octubre pasado más de medio millón de ciudadanos, quienes en un ejercicio libérrimo inclinaron su voto por el aspirante a la candidatura presidencial con mayor nivel de simpatía: Abel Martínez.
Ese día se le entregó la certificación que lo acredita ganador de un proceso democrático, participativo, unificador, que ha marcado un precedente en la vida partidaria dominicana.
El tercero de los momentos es la renovación de las direcciones de demarcaciones con la juramentación simbólica de sus presidentes y secretarios generales, en representación de sus direcciones. 21 años tenía el PLD sin renovar sus estructuras, proceso que se ha realizado con gran participación y con el que el Partido morado marca otra diferencia en el sistema de partidos dominicanos de apego a la institucionalidad y de vocación democrática.
Cada día el Partido de la Liberación Dominicana avanza en su proceso de renovación y transformación orgánica; eso sí, conservando la esencia y la identidad partidarias.
La reacción a las inoportunas declaraciones del llamado comisionado ejecutivo para la implementación de la Reforma Policial confirma el rechazo de la sociedad a los inventos y ensayos de laboratorio de la presente gestión de Gobierno.
Un ciudadano español, designado por el Gobierno para asesorar la necesaria reforma policial, se despacha con unas declaraciones irrespetuosas al país e injustas con oficiales y agentes que han perdido la vida, su familia, su salud por una institución, es decir por el país.
En menos de un mes el intrépido asesor en el diagnóstico de la situación de la seguridad ciudadana se atrevió a encasillar todas las jefaturas de la policía, los mandos medios y rangos inferiores en un entramado corrupto, que ha originado la situación de inseguridad, que tiene atemorizada a la población.
De antemano vemos las afirmaciones del ciudadano español de que existía una corrupción interna, institucional y sistémica, desde la cabeza hasta los pies, en el cuerpo del orden, como un nuevo esquema publicitario a los que nos tiene acostumbrado el Gobierno.
De la noche a la mañana, con la jefatura actual y su experimentado asesor, la moral en las filas de la uniformada se ha restablecido. ¡Qué engaño!
En verdad lo denunciado amerita un esclarecimiento, que damos por descontado porque la finalidad de las desafortunadas declaraciones es el espectáculo, la publicidad, lo mediático.
La costumbre de las presentes autoridades ante temas engorrosos, como el caso del aumento de la delincuencia y la inseguridad, es buscar un punto para restar fuerza a esa preocupación ciudadana.
No es con fórmulas exóticas como se resolverá el problema de la inseguridad, como lo dijera el alcalde de Santiago de los Caballeros: “es con voluntad, con determinación, con firmeza y con apego a los derechos humanos”. Con entereza y decisión se debe afrontar la problemática y poner por encima de todo el interés, la seguridad de la población y la lucha contra la delincuencia con disciplina y orden.
Con la contundente demostración del domingo 27 de noviembre en San Juan que ha dado el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) queda demostrado que esta organización política está preparada para la cosecha de nuevos triunfos electorales.
Más de 22 mil personas ingresaron al partido morado de la estrella amarilla en la progresista provincia del Sur dominicano, aunque en la juramentación se hicieron representar por dos o tres mil ciudadanos y ciudadanas, quienes abarrotaron el polideportivo del barrio Villa Flores de San Juan de la Maguana y una cantidad igual que se ubicó en las afueras del recinto deportivo.
La semana anterior el juramento sobrepasó la decena de miles en la oriental provincia La Altagracia.
El PLD viene de concluir un proceso novedoso, la conocida Consulta Ciudadana mediante la cual se escogió a Abel Martinez como el aspirante a la candidatura presidencial con mayor nivel de simpatía en la población.
El anuncio de la escogencia de Abel Martínez ha sido el detonante para que el alcalde de Santiago de los Caballeros, con una impecable gestión municipal, se coloque en los primeros lugares en la intención de voto de los electores.
Mientras se juramentan nuevos miembros y Abel Martínez, con el equipo de campaña que debe constituir el PLD, se prepara para el periodo de precampaña y de campaña, acorde a las leyes electorales, el PLD anuncia una nueva fase de su programa organizativo.
Para los días 9, 10 y 11 de diciembre se escogerán las direcciones de comités de distritos municipales, municipios, circunscripciones electorales y provincias, para finalizar las tareas propias del IX Congreso Ordinario José Joaquín Bidó Medina.
Todos estos logros y tareas cumplidas engrandecen al PLD, la principal obra política del profesor Juan Bosch, cuyos enemigos no cesan desde su fundación en intentar destruir.
Desde agosto de 2020 el PLD ha logrado vadear tempestades y conspiraciones, demostrando capacidad y resiliencia, con un norte simple: evitar la distracción, trabajar y trabajar. El triunfo se acerca. Y el pueblo con su sabiduría instintiva ha empezado a sentirlo.
Espantosos son los momentos difíciles que se viven en República Dominicana con el grado de la inseguridad predominante en la sociedad.
Los delincuentes operan a sus anchas en ciudades y campos, urbanizaciones, barrios y residenciales. Ya nadie se siente seguro en ninguna parte.
La capacidad de asombro de la población se ha perdido por la frecuencia con que se presentan los hechos delictivos y la creatividad diabólica de sus responsables. Es como si existiera una competencia entre los criminales por quien comete el delito más osado, con más espectacularidad, el más bochornoso. Y han puesto tal empeño en su propósito que ya han sobrepasado la creatividad de la cinematografía y seriales de televisión.
Ya los dominicanos nos hemos quedado sin zona segura. ¡Hasta mientras haces la ruta a tu trabajo o centro de estudio en un vehículo del transporte público tu compañero de asiento, pistola o cuchillo en mano, te despoja de tus pertenencias. La gente sale de su casa con temor, no sin antes apelar a alguna oración que le permita evadir un asalto o los característicos robos a mano armada. El temor ha alcanzado la categoría de pánico colectivo.
Y lo peor de todo es que las autoridades se muestran impotentes, incapaces de enfrentar con entereza y acierto este problema, pese a que han pasado los dos años en que se comprometieron en la campaña de 2020 a reducirlo en un 50 por ciento. Han entrado a su tercer año de gestión y la situación no ha hecho sino empeorar.
En lugar de amenazas insustanciales, motivadas más por la necesidad de decir algo, el Gobierno tiene la responsabilidad de crear las condiciones para devolverle a la ciudadanía la confianza de ir a los centros de trabajo, de estudios o esparcimiento sin miedo.
Los partidos políticos, la sociedad en general, hastiada con un problema que no hace más que empeorar, reclaman soluciones a una situación desesperante.
Es un problema de múltiples aristas, que demanda un abordaje serio y comprometido. Nos han robado la paz y hasta la alegría propia de los dominicanos y las dominicanas, ante la inactividad de autoridades que en la campaña electoral tenían todas las soluciones.
De existir el premio a la improvisación, no hay duda de que el gobierno del presidente Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno lo ganarían con cómoda ventaja a sus potenciales competidores. No pasa un día sin que desde este gobierno se den muestras de decisiones y acciones improvisadas, apartadas de la planificación, carentes de tacto, que terminan ubicándose dentro de lo absurdo.
La más reciente –que lamentablemente no será la última– es el caso del anuncio de que se eliminará la Normativa 09-15, que sustenta el Programa Docente de Excelencia.
La alarma generada con este anuncio motivó que rápidamente el gobierno central hiciera un desmentido, usando a la señora vicepresidenta de la República en la impugnación del mayúsculo desacierto.
Sin que se muestre una pizca de sentido común, desde el gobierno enfrentan las denuncias sobre deficiencias docentes y debilidades en la forma de enseñar con las amenazas de relajar la calidad de la formación de los docentes.
El espíritu populista sigue guiando la actuación de las actuales autoridades, al parecer más interesadas en conseguir adeptos en redes sociales, sin que les importe el impacto inmediato y de largo plazo que sus decisiones pueden tener en la vida del pueblo dominicano.
Otro de los absurdos recientes del gobierno del PRM es la resolución del Ministerio de Interior y Policía que dispone la limitación de la venta de bebidas alcohólicas en la provincia de Santo Domingo, la cual de inmediato ha recibido el rechazo colectivo por improcedente y carente de sentido común.
Se ha argumentado que con esa medida se procura contener la delincuencia y llevar tranquilidad a la población. ¿En la cabeza de quién cabe tan descabellada idea?
Los asaltos, muertes por sicariato, escalamiento en torres residenciales, despojo de celulares, suceden en todo el país a plena luz del día y en cualquier localidad. Nadie está a salvo de ser víctima de la ola de delincuencia que arropa al país, ante la torpeza de autoridades que en campaña lo prometieron todo y algo más y no han cumplido nada.
Lo que República Dominicana necesita y reclama son políticas y acciones concretas bien pensadas y mejor ejecutadas, en donde la improvisación y el absurdo estén ausentes. ¿Es tan difícil complacer en eso al pueblo dominicano?
Lo vivido la tarde-noche del viernes 4 de noviembre en el Distrito Nacional, municipios y distritos municipales de la provincia Santo Domingo constituyó una verdadera catástrofe.
Pasadas las cuatro de la tarde inició una intensa lluvia que se prolongó por varias horas, confirmando el pronóstico de la ONAMET y la advertencia del COE al declarar 22 provincias en alerta por lluvias, en previsión de la ocurrencia de inundaciones, crecidas de ríos, arroyos y cañadas, así como deslizamientos de tierra.
Pese a las advertencias no se adoptaron las previsiones de lugar y el resultado se hizo sentir en un verdadero caos: la población en estado de desesperación como consecuencia de las fuertes lluvias que se registraron con un balance preliminar de cuatro personas muertas, inundación de gran parte de las vías, precisamente a la hora del regreso a los hogares.
El tráfico quedó bloqueado en la ciudad a causa de la lluvia, que inundó el Metro de Santo Domingo, los estacionamientos de urbanizaciones y torres de apartamentos y literalmente arrastró todo lo que encontró al paso de las aguas.
Los residentes en el Gran Santo Domingo vivieron horas de angustias por el retraso de la llegada al hogar de familiares debido a los tediosos y kilométricos tapones de vehículos.
Se suman a aquello infinidades de vehículos averiados, «ahogados», al igual que viviendas inundadas en lugares vulnerables.
Se ha hablado de las deficiencias en el drenaje pluvial, de las inconductas de ciudadanos que lanzan desperdicios en la vía pública y hasta del cambio climático, pero en definitiva lo que demostró una ciudad en colapso, como describieron los medios de comunicación, es la inoperancia e improvisación del gobierno.
El día siguiente, sábado, se observaron brigadas del ayuntamiento limpiando filtrantes y cunetas y al presidente de la Republica recorrer sectores, hacer nuevas promesas y buscar titulares periodísticos, en un vano intento de vender eficiencia en los medios de comunicación, pretensión con que les recuerda a muchos aquello de que el papel lo aguanta todo.
Un hombre falleció el pasado sábado a manos de delincuentes en las inmediaciones de la sucursal de un banco en La Vega.
El día anterior desconocidos mataron de varios disparos al gerente de una estación de combustibles ubicada en la avenida San Martín, en el ensanche La Fe del Distrito Nacional, en medio de un asalto.
Historias como estas se están repitiendo a diario en combinación con los robos, atracos, raterismo y otras acciones violentas, que tienen a la población atemorizada y alterada su vida cotidiana.
Con temor se sale de los hogares para el trabajo, centros de estudios, oficinas, comercio o industria. El miedo se ha apoderado de los transeúntes y automovilistas, quienes están a las expectativas de que pudieran ser víctimas de la ola de delincuencia que arropa al país.
Cada día la delincuencia luce más desafiante y el gobierno, que prometió en la campaña que todo esto se resolvería en seis meses, lleva algo más de dos años y la situación ha empeorado.
En junio del año pasado en la barriada capitalina de Cristo Rey se puso en práctica la llamada estrategia “Mi País Seguro”, presentada como la opción que resolvería la violencia y la ola delictiva; sin embargo, ha terminado en un fracaso total.
Aquel plan iba acompañado de la reformulación de la Policía Nacional, una nueva Ley en la que hasta se ha incluido un fideicomiso. Se cuenta con el Ministerio del Interior, la Policía Nacional, el Ministerio Público, un ciudadano español, contratado para esos fines; pero todo esto ha sido para nada.
El descalabro de la seguridad ciudadana es una genuina muestra de las improvisaciones y falta de planificación gubernamental, en momento en que han empezado a apostar y gastar cuantiosos recursos en la promoción reeleccionista, mientras la inflación nos traga.
Las encuestas colocan cada día el tema de la falta de seguridad entre las principales preocupaciones del pueblo, en tanto que el gobierno satura a la población con anuncios y publicidad de unas realizaciones que nadie ve.
No hay dinero para enfrentar los principales males que afectan al pueblo, pero sí lo hay para invertir en publicidad y asesoría.
Pasa el tiempo y aquellas promesas y planes se diluyen, creando desilusión y frustraciones colectivas. Entre otros, por el tema de la inseguridad ciudadana, el gobierno del PRM pagará un alto precio. Y más pronto de lo que muchos creen.
Las redes sociales han estallado, la opinión pública ha sido sacudida con declaraciones de funcionarios de alto nivel del gobierno del PRM en las que admiten su incapacidad para enfrentar situaciones que se generan en la administración pública.
Lo que hemos visto en estos días parece una competencia por el dislate o el despropósito mayor, para utilizar términos amigables, en respeto de la investidura de los funcionarios.
“A mí también me ha subido la tarifa eléctrica”, el entrecomillado corresponde a uno de los administradores de las llamadas EDES, que tiene a la población al grito y en continuos conflictos cada vez que se acude a una estafeta de pago, lo que permite recordar al usuario aquel discurso del jefe del Estado en el sentido de que los reajustes de la tarifa eléctrica se dejarían sin efecto. Como tantos otros, este anuncio resultó un engaño, profundizado con lo dicho por el flamante administrador.
“No se cuenta con dinero para indagar sobre los reportes de personas desaparecidas”, la frase corresponde a la senadora por el Distrito Nacional, quien desde su curul en la Cámara de Diputados se escandalizaba cada vez que surgía una situación que entendía podía afectar al pasado gobierno.
“Yo no habló de lo que no sé, yo no sé de medio ambiente”, antológica manifestación del economista designado para dirigir el Ministerio de Medio Ambiente, con tantos retos y desafíos en un mundo amenazado por el cambio climático y las agresiones medioambientales.
“Yo no soy responsable de la ejecución de la Policía Nacional, pregúnteles a los generales”, esta famosa expresión corresponde al ministro de Interior y Policía, a quien se le olvidó que proclamó que dirigía la Policía cuando se presentó ante una comisión de congresistas a representar al jefe de la uniformada.
“Realmente hubo un cambio para mal”, “No saben dónde están parados”, “Son inoperantes, incompetentes e ineptos”, son algunas de las reacciones publicadas en las redes sociales en respuesta a un renombrado periodista que publicó las barbaridades citadas.
Estas insensateces de funcionarios, que son además dirigentes políticos, en medio de una atmósfera cargada de pandemia, inflación, delincuencia, inseguridad ciudadana, alza en la tarifa eléctrica, caos en el tránsito con lamentables accidentes, deficiencias de los servicios públicos, despilfarro del presupuesto de la Educación, insuficiencias en los hospitales, motivan que gran parte de la población haya empezado a añorar los progresos alcanzados en las gestiones del Partido de la Liberación Dominicana, en las que se avanzó en el desarrollo, bienestar, la tranquilidad y en el ejercicio democrático.
Con responsabilidad el Partido de la Liberación Dominicana asumió el reto de organizar la tarea de consultar a la población y a sus miembros sobre cuál de sus aspirantes a la candidatura presidencial recibe el mayor nivel de simpatía ciudadana.
Ese desafío se ha concluido con la satisfacción del deber cumplido. Muchas horas de trabajo, de capacitación del personal, de entrega de miembros y dirigentes tienen como resultado la culminación de un proceso exitoso, participativo, democrático, transparente.
En principio seis de nuestros dirigentes, tres mujeres y tres hombres, se lanzaron al ruedo en busca de demostrar su sintonía con la base partidaria y la población sin afiliación política, logrando movilizar el país en jornadas organizadas, sin apartarse del cumplimiento de los mandatos de las leyes y resoluciones de la Junta Central Electoral.
Un original proceso, bien diferenciado de unas elecciones primarias, que marca un precedente en el sistema de partidos en el país, tal y como lo reconocen los medios de comunicación,
Usando la tecnología, con una celosa supervisión, combinando el sistema electrónico con lo manual, en apenas horas el PLD y la Comisión Organizadora de la Consulta avanzaron resultados, mientras se continuaba con el cómputo.
Esos números presentan al compañero Abel Martínez con el mayor nivel de simpatía en la población, quien de inmediato destacó que los grandes ganadores son el PLD y quienes le acompañaron como aspirantes y sobre todo el país.
Una consulta realizada en un clima armónico de respeto entre los aspirantes, con un eficiente trabajo de la Comisión Organizadora de la Consulta (CONAP) y el respaldo sin reserva de la dirección partidaria, se corona con el éxito que toda la sociedad acepta y valora.
La mayoría de los miembros del PLD, de sus simpatizantes y de dominicanos y dominicanas sin filiación partidaria que acudieron este domingo a su recinto electoral a expresar su simpatía en la consulta han seleccionado a un dirigente con excelentes cualidades, formado políticamente, con experiencia de Estado, a la que suma capacidad de gerente extraordinario.
Haciendo caso omiso a augurios interesados de gente que nunca apuesta a sus propias fortalezas y superando el inconveniente de la desmotivación originada por una crisis económica que golpea a República Dominicana y al mundo, el Partido de la Liberación Dominicana acaba de anotarse un nuevo éxito. En las últimas semanas logró monopolizar la atención del país con el montaje de la consulta, la participación de los aspirantes y sus voceros en los medios de comunicación, así como de dirigentes que decidieron mantenerse neutrales en este proceso. Esa atención era el anuncio de que la consulta se cerraría, como en efecto ocurrió, por todo lo alto. Sin duda es el acontecimiento político del año y el anuncio de futuros triunfos del PLD.
El Partido de la Liberación Dominicana habló el domingo, y lo hizo para que todos lo oyeran. Seguimos siendo ese gran partido que Juan Bosch ideó y creó junto con un ejército de sus mejores discípulos. Así lo demostramos en la organización de la consulta y en su feliz conclusión.
Los dominicanos y las dominicanas hemos sentido en los últimos días el impacto de tres golpes sociales que nos han dejado aturdidos, atolondrados, con un alto grado de frustración y, por qué no decirlo, de rabia.
Primer Golpe: El retorno de los viajes hacia Puerto Rico en frágiles embarcaciones en busca de mejor vida, con un trágico saldo de desaparecidos y familias angustiadas.
La semana pasada se reportó un caso en Barahona y un segundo en la provincia María Trinidad Sánchez.
Las noticias del naufragio en frágiles embarcaciones habían desaparecido, pero el alto costo de la vida y las dificultades económicas han motivado el resurgir de las peligrosas aventuras y estos trágicos balances.
Segundo Golpe: La delincuencia sigue dominando el escenario que ocasiona el clima de notoria inseguridad ciudadana.
Asaltos, robos, ataques mortales, ajustes de cuentas, homicidios, riñas, tiroteos y otra gama de delitos son abundantes.
La delincuencia ha ganado la batalla a los tantos planes de control anunciados y ha arrinconado en el olvido el célebre programa con que se le dijo al pueblo se controlaría ese mal en meses.
El país vive un estado de desasosiego, producto de la delincuencia rampante y las deficiencias de las autoridades para combatir el crimen.
Tercer Golpe. Los accidentes de tránsito. El país ha sido conmocionado con el reporte del autobús accidentado en las cercanías del Boulevard Turístico del Este, en Bávaro, provincia Altagracia.
En el trágico hecho fallecieron dos mujeres turistas de nacionalidad peruana y argentina, respectivamente, y más de 15 pasajeros resultaron heridos.
Todas las versiones confirman que el exceso de velocidad fue la causa de la volcadura y el trágico balance, que hoy empaña la imagen de un país que tiene su principal sustento económico en el turismo.
En las quejas ciudadanas se destacan la tardanza en la llegada de las ambulancias del sistema 9-1-1 y la falta del servicio de seguridad vial, inconvenientes de los que responsabilizan directamente a un gobierno que ha preferido el conteo de nuestros visitantes o las divisas que dejan, en lugar de ofrecer seguridad a quienes son conquistados en el exterior para visitar nuestro país.
Las autoridades nacionales están obligadas a examinar dónde están las fallas y adoptar los correctivos necesarios para devolver la tranquilidad a la ciudadanía. Es tiempo de soluciones; no de excusas.
República Dominicana recibió el impacto del huracán Fiona, que dejó cuantiosos daños en la agricultura, en el sector vivienda del país, entre otros. Se trató del mismo fenómeno que, en la categoría de tormenta, llevó a la vecina Puerto Rico a una situación de emergencia y precariedad.
Pocos días después la fuerza de los vientos y las abundantes lluvias de otro fenómeno atmosférico trastornaron la vida de Cuba. Se trató en esa ocasión del huracán Ian, que luego de causar sus estragos en la vecina isla enfiló hacia Estados Unidos, donde ocasionó grandes daños en La Florida y Carolina.
Lo vivido en Estados Unidos ha sido calamitoso, como lo testimonian imágenes dantescas del mar, mediante el fenómeno denominado marejada ciclónica inversa, anomalía que se alternó con un elevado oleaje que causó destrucción y dolor en la principal potencia mundial y llevó a su presidente a decir que Ian “podría ser el huracán más mortífero en la historia de Florida”.
Este fenómeno tocó tierra de Norteamérica, salió al mar y en una segunda ocasión tocó tierra con vientos huracanados.
Tantos fenómenos hidrometeorológicos, uno detrás de otro, con fuerzas en sus vientos para alcanzar la categoría de huracanes, es lo que lleva a que se confirmen las conclusiones de las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, de Estados Unidos, en la que se indica que los huracanes se están robusteciendo con el tiempo, y no solo en un lugar. El fortalecimiento de los vientos huracanados, que dan origen a las temibles tormentas, está ocurriendo en casi todas las áreas del planeta.
Identificar cambios en estos fenómenos recurrentes en el Atlántico y mar Caribe y determinar los factores causales de los cambios en su comportamiento es un elemento crítico para dar paso a la adaptación y prever su impacto.
Los modelos teóricos y numéricos relacionan consistentemente el aumento de la intensidad de sus vientos con un mundo en calentamiento.
He aquí una de las repercusiones nefastas que afectan al planeta: en la medida en que las temperaturas globales se incrementan, originan el calentamiento que provoca prolongadas sequías, marejadas, torrenciales lluvias, masivas inundaciones, entre otros daños, todo lo cual nos lleva a pensar en que cada uno de nosotros coloque en su agenda personal acciones y fórmulas para evitar catástrofes y el aniquilamiento de floras y faunas, es
es decir la destrucción de vidas.
“Los hombres pueden caer, pero los principios no. Nosotros podemos caer, pero el pueblo no debe permitir que caiga la dignidad democrática”. Juan Bosch
59 años tiene ya la interrupción del gobierno democrático del profesor Juan Bosch, quien logró ascender las escalinatas de la sede del gobierno con un masivo apoyo popular en la contienda electoral de diciembre de 1962.
Ante el pueblo que le respaldó, Bosch se juramentó en la explanada frontal del Congreso Nacional, iniciando así una gestión de plena identificación con los anhelos y deseos de un pueblo que por más 30 años vivió bajo el yugo de la cruenta tiranía trujillista.
En siete meses el nuevo gobierno se apegó a la institucionalidad democrática, a la defensa de la soberanía nacional, ejecutó un plan de desarrollo económico nacional, entre otras iniciativas trascendentes, con las que dio cátedra de respeto a las libertades públicas y de progreso social.
Hoy, a pesar del tiempo transcurrido, padecemos las consecuencias de aquel bochornoso hecho, pues aún arrastramos una gran deuda social acumulada, pese a los progresos alcanzados en las gestiones de gobierno del PLD, fundado por el propio Bosch.
La asonada septembrina que depuso al presidente Juan Bosch constituyó un trauma de tal magnitud que originó, en apenas meses, la insubordinación popular de abril de 1965 y una nueva afrenta a la soberanía con la intervención foránea de ese año, la segunda de Estados Unidos en el siglo XX.
La víctima de aquel golpe fue el pueblo dominicano, quien vio retrasar el desarrollo económico y social que venía alcanzando el primer gobierno democrático después de caer la dictadura.
El presidente Juan Bosch fue depuesto, acción con la que se frustraron los anhelos de progreso y bienestar ciudadano y se puso en práctica el perverso propósito de desvanecer su figura y su obra; sin embargo, ambas se agigantan cada día en la historia y en el curso democrático de República Dominicana.
En la segunda quincena de septiembre entramos ya en el conteo regresivo de la fecha escogida para la celebración de la consulta ciudadana que ha organizado el Partido de la Liberación Dominicana para el domingo 16 de octubre.
Es un novedoso método del PLD para determinar antes de la celebración de sus primarias o congreso elector, quienes de las aspirantes y los aspirantes a la candidatura presidencial de 2024 (tres mujeres y tres hombres) gozan de mayor nivel de aceptación en la población.
Una acertada decisión de la dirección del PLD, con la que acogió el planteamiento de un acuerdo entre las aspirantes y los aspirantes que ha generado grandes expectativas en la población.
En apenas dos años el panorama esperanzador de un futuro mejor en República Dominicana se ha desvanecido. Ahora se vive en permanente intranquilidad, falta de seguridad y una situación económica inestable.
La convocatoria a los afiliados en el PLD y a la población en general que no está organizada en ningún partido a la gran movilización de las aspirantes y los aspirantes, que se desplazan varias veces a la semana por los campos y ciudades del país, ha servido para el renacer de la esperanza y el retorno de la fe en la vuelta al progreso y la estabilidad que dejaron los gobiernos del PLD.
Con la organización de la consulta ciudadana la dirección del Partido de la Liberación Dominicana supera una desventaja ante sus competidores electorales, que ya tienen sus candidatos y constantemente se promueven, incluso con publicidad pagada, lo que prohíbe la legislación electoral nacional.
En un tiempo breve se ha dado forma a un proceso complejo, con múltiples aristas y laberintos, que con paciencia, calma, experiencia y voluntad política se ha ido subsanando.
Se cuenta ya con las normativas del proceso, se ha desarrollado un programa de capacitación al personal que trabajará en los recintos y centros de consulta, la parte informática ya está preparada, así como los aspectos relativos al montaje para antes, durante y posterior al domingo 16 de octubre.
Las informaciones pertinentes ya se tienen. Ahora lo que se impone es el trabajo intenso de nuestros miembros y dirigentes para coronar con éxito esta iniciativa organizada en sintonía con las leyes nacionales y las resoluciones de la Junta Central Electoral.
¡Al trabajo!, es la consigna trazada por la dirección partidaria para que se cumpla en el 2024 el anhelo de la población de ver nuevamente en el gobierno al PLD, el Partido de la verdadera esperanza nacional.
Los actuales gobernantes, guiados por consultores y asesores que privilegian lo mediático a la realidad, han llegado a la conclusión de que sus mentiras no se notan, o quizás el pueblo se ha acostumbrado a ellas.
Qué equivocados están al seguir esta lógica de fabuladores, cuyo único interés es beneficiarse del consejo o la consulta que ofrecen, sin importar qué tanto afectan a la población.
La mentira es un gran enemigo de la democracia. Cuando el pueblo la percibe y desmonta tiende a indignarse.
Un titular de medios de comunicación no calma la indignación de los consumidores al comprar los productos que necesitan para alimentarse, pese a las declaraciones destacadas de un funcionario que ha dicho que los productos de primera necesidad han reducido su precio.
Rabia y molestia se siente al escuchar que los materiales de construcción han bajado sus precios o que los hospitales están abastecidos de medicina.
Cómo se explica recurrir a la mentira para pretender justificar el recorte al presupuesto de Educación, que por deficiencias no se ha podido invertir.
Iniciativas gubernamentales se venden a la sociedad con la falsedad de que son acciones implementadas por primera vez, sabiendo que en el pasado gobierno todo eso que anuncian y pregonan se hizo.
En las estafetas de las distribuidoras de electricidad los usuarios se preguntan a dónde fue a parar el compromiso del jefe del Estado de detener el reajuste en la tarifa por consumo de electricidad.
Promesas incumplidas que se responden, sin inmutarse, con mentiras una detrás de otra.
Mentir implica un engaño intencionado y consciente y un gran riesgo para su autor porque en definitiva el mentiroso, según Baltasar Gracián, en «El arte de la prudencia»: “tiene dos males, ni cree ni es creído”.
Recintos escolares en franco deterioro, falta de aulas, dificultades con los libros de texto, carencia de maestros y maestras, falta de cupo para inscribir alumnos en las escuelas, entre otros problemas, es el tétrico panorama que va caracterizando el inicio de este año escolar.
Sumamos a este cuadro las notables tardanzas en el pago de los locales alquilados, donde reciben docencia cientos de estudiantes que no encuentran espacio en los planteles públicos.
En el marco de ese sombrío panorama, desde el Gobierno se envía al Congreso un proyecto de reforma al presupuesto en el que se pretende quitarle al Ministerio de Educación unos 4 mil millones de pesos.
Cómo entender una decisión de esa naturaleza en franca violación a las leyes y a la propia Constitución de la Republica, que establece la prohibición para hacer transferencias de los fondos asignados a la educación a otras áreas.
Con tantas limitaciones y contrariedades es más que abusivo despojar a Educación de más de 4 mil millones de pesos, mientras se asigna 1,831 millones para estrategia de comunicación de la Presidencia, que serán utilizados en reforzar el carácter mediático que define al gobierno, que antepone los «likes» al servicio ciudadano.
Es inaceptable que le quiten recursos al sector educativo, con tantas dificultades históricas para garantizar aprendizajes efectivos a nuestros estudiantes.
Con el reclamo de un 4 % del PIB para la educación, República Dominicana alcanzó un triunfo, conquista que se encargó de aplicar la pasada gestión del presidente Danilo Medina, con la masiva edificación de aulas, la tanda extendida, el trato justo a los docentes, su capacitación y otras conquistas a favor de la calidad educativa.
Un simple examen a los argumentos del Gobierno para sugerir la ilegal reducción del presupuesto educativo, confirma las deficiencias e ineficacia de la gestión gubernamental, anomalía que también es notoria en la agropecuaria, la salud, entre otros renglones.
Un bajo presupuesto afecta la calidad educativa, como demandan los tiempos actuales con los tantos retos y desafíos que ofrece el desarrollo tecnológico.
Al enviar al Congreso una petición de reducción del presupuesto de Educación, el gobierno confirma su insensibilidad y su inclinación a anteponer lo cosmético y mediático al buen trato a una sociedad a la que engañó con falsas promesas y abundantes mentiras.
En uno solo de los siete días de la pasada semana llamaron la atención ciudadana tantas manifestaciones de protestas y descontentos contra el Gobierno, que debe llevar a las autoridades a reflexionar sobre sus actuaciones.
Los representantes del Ministerio Público amenazaron con paralizar sus funciones si el Gobierno no les entrega a la Procuraduría General de la República los recursos necesarios para el plan de retiros, pensiones, jubilaciones y para que sus salarios sean igualados a los de sus pares del Poder Judicial.
Los militares y policías en retiro marcharon hacia el Palacio Nacional demandando a las autoridades mejores condiciones salariales para los oficiales activos y los jubilados. Aseguran que el Poder Ejecutivo y las instituciones del Estado les han dado la espalda a los reclamos de los ex agentes que hoy se encuentran en situaciones de calamidad.
Sumamos al día referido manifestaciones, por separado, de los abogados y médicos colegiados también con demandas gremiales.
Es que a diario continúan reportándose protestas, inconformidades, quejas, lamentos, denuncias que se responden con la indiferencia, cuando no con malos tratos.
Las mediciones del parecer de la población sobre lo que ocurre son reiterativas en presentar como resultado la preocupación ciudadana por los altos niveles de inflación y, por igual, la inseguridad ciudadana.
La inflación encarece la vida, se ha explicado que es el mayor y más perjudicial de los impuestos, pues arrebata el dinero a los consumidores sin que estos obtengan nada a cambio.
Es más que demostrable el vínculo entre dificultades económicas y la paz o seguridad ciudadana. Mientras más precaria sea la realidad económica más frágil sería la seguridad ciudadana.
Tantos sectores manifestándose, las quejas y tormentos ciudadanos deben llevar al Gobierno a una mirada objetiva, crítica, no contestaría, como ha sido la costumbre, y acoger el llamado de la opinión pública, de los congresistas y del Partido de la Liberación Dominicana a que se actué de forma mancomunada frente a estos males que están impactando a la nación de forma profunda.
Los niveles de violencia y delincuencia tienen en situación de desesperación, en estado de pánico y miedo generalizado a la familia dominicana.
Nadie se siente seguro. Atracos, homicidios, conflictos entre vecinos, violaciones, robos con escalamiento, malhechores motorizados que penetran a lugares públicos con una facilidad espantosa siempre dispuestos a matar.
El despojo de prendas, teléfonos celulares y carteras se reportan por montones cada día teniendo de respuesta la indiferencia de funcionarios o, cuando no, los argumentos falaces y mentirosos.
Todo esto se trata de una historia larga que en los dos últimos años se ha complicado, observándose nuevas formas y variantes de los delitos y una gran fortaleza de forajidos que superan a las autoridades supuestamente especializadas para combatir el delito y los hechos criminosos.
Un desborde de actos delincuenciales y de violencia sin que se cuente con una estrategia visible para por lo menos reducirlos, tal y como se prometió en campaña y en los planes y programas que no han pasado de los anuncios y en los libretos de mensajes publicitarios engañosos.
Las actuales autoridades prometieron en campaña que en dos años iban a disminuir en 50 % la delincuencia y, por el contrario, lo que ha hecho es aumentar.
Las noticias internacionales de estos días nos refrescan el rostro de aquel famoso asesor norteamericano, autor de un célebre plan que no se sabe dónde está.
De enero a marzo del año en curso la tasa de homicidios fue de 11.18 %. Se registra un aumento de 22 % en la tasa de homicidios de 2020 a 2022.
La seguridad ciudadana requiere de diseño, planificación y hechos, no palabras ni los anuncios sin credibilidad, que lleva a la ciudadanía a sentenciar, a dos años de la gestión gubernamental, que el actual es un gobierno fracasado.
Este 16 agosto arribamos al 159 aniversario del grito de Capotillo, inicio de la Guerra de la Restauración de la Independencia de la República, que el traidor Pedro Santana borró con la proclama anexionista a España.
En opinión del líder histórico del PLD, el Profesor Juan Bosch, “La Guerra de la Restauración es la página más notable de la historia dominicana, como también la más ignorada por la casi totalidad de los dominicanos; se desconoce el esfuerzo colectivo gigantesco, heroico y las hazañas militares que libraron los hombres y mujeres que participaron en ella. Por esto, debe alcanzar en la conciencia de cada uno de nosotros un sitial preponderante dentro de los episodios de la vida nacional”.
Así se considera en el Partido de la Liberación Dominicana, cuyos actuales dirigentes se forjaron estudiando minuciosamente ese capítulo de nuestra historia, descrito sin apasionamiento, apegado al análisis objetivo, como debe presentarse la historia. Por tales motivos en el PLD esa fecha no se pasa por alto, conmemorándola más allá del día festivo.
El nuevo aniversario de la proclama independentista del Cerro de Capotillo coincide en esta ocasión con el cumplimiento de los dos primeros años de los actuales gobernantes, quienes ya transitando hacia el tercero confirman la decepción colectiva de una población a la que le vendieron un cambio y ha resultado todo lo contrario.
Quejas y un grito generalizado caracteriza a la sociedad de hoy ante el alto costo de la vida, la inseguridad ciudadana, el deterioro de los servicios, del sistema sanitario, de la educación, las nebulosas que arropan la economía por asomos recesivos con un alto nivel inflacionario.
Es más que notorio el deterioro de la calidad de vida de los dominicanos, que por la carestía de los alimentos ha dejado de comer o simplemente ha reducido la ingesta de las llamadas “tres calientes” al tiempo que quien enfrenta algún percance de salud si logra dar con la medicina la consigue a precios prohibitivos.
El sector eléctrico, en el que las promesas de transformación y cambios abundaron en la campaña electoral, ha empeorado con el regreso de los apagones y factura insostenible para los usuarios en todas las escalas.
Los programas sociales han ido desapareciendo, el poder adquisitivo ha disminuido considerablemente, lo que se siente con fiereza en los hogares; cuánto se extraña los servicios del 9-1-1, un sistema de emergencia que el gobierno del cambio ha puesto en literal emergencia.
El panorama descrito hace revivir la necesidad de un nuevo Grito de Capotillo ahora para restaurar las conquistas sociales en el pueblo dominicano.